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Junger como psiconauta

 


Por Fernando Trujillo

 

Estados alterados

 

Soldado, viajero, intelectual, hombre de acción, místico, en la figura de Ernst Junger se conjugaban tantos matices contradictorios que lo hacen uno de los hombres más interesantes de la literatura del siglo XX.

Desde joven sintió un rechazo por la vida burguesa, eligiendo el camino de la acción lo que lo llevo a alistarse en la Legión Extranjera y más tarde su bautismo de fuego en la Primera Guerra Mundial, experiencia que plasmo en obras como Tormentas de acero.

No obstante autores como José Luis Ontiveros y Alain de Benoist han hablado de su faceta como pensador, guerrero y anarca, una faceta casi ignorada por completo a mi parecer es su faceta como psiconauta.

El termino psiconauta etimológicamente quiere decir “navegante del alma” y se aplica a aquellas personas que a través de ciertas drogas pueden entrar en un estado de percepción en el que pueden acceder a una gnosis o vislumbrar los misterios del Universo en el que vivimos. Cabe aclarar que el término no solo define a un consumidor de alucinógenos, sino que estos estados también se alcanzan por medio de la soledad o la meditación.

Antes de continuar se debe aclarar que este texto no es una apología del uso del consumo de drogas, la forma irresponsable en la que la civilización occidental usa las drogas como medio para “divertirse” es una parodia al uso que le dan los indígenas americanos y los sabios orientales. El mismo Junger en sus Acercamientos que la posesión de drogas crea formas de esclavitud y servidumbres demoniacas en las que no se necesitan carceleros y compara a los traficantes de drogas que comparten su mercancía gratuitamente con escolares como una versión malvada del Flautista de Hamelin.

Con esto queda claro que Junger si bien fue un consumidor de LSD y otras sustancias no los hizo con el objetivo de “pasar un buen rato”, sino de experimentar sus efectos y estudiarlo a fondo.

En su obra Acercamientos, droga y ebriedad Junger profundiza en sus experiencias con diversos tipos de drogas tales como el LSD, el opio, la cocaína, así como los efectos de la ebriedad al mismo tiempo que nos habla de autores que le precedieron en ese camino como Poe, Baudelaire y Quincey y la fascinación que han ejercido los narcóticos en la humanidad. El autor escribe: Desde tiempos primordiales chamanes y adivinos, magos y mistagogos han sabido de la estrecha relación entre ebriedad y éxtasis. Por ello la droga ha desempeñado siempre un papel en sus consagraciones, iniciaciones y misterios. Es un vehículo de apertura entre otros: como la meditación, el ayuno, la danza, la música, la contemplación ensimismada en obras de arte o las emociones violentas. De ahí que no se deba sobrevalorar su papel. Además también abre las puertas lóbregas; Hassan Ibn Al Sabbah con sus asesinos nos ofrece su ejemplo.

En estas palabras vemos como Junger le da a este tipo de drogas un papel como llaves a lo que Blake definiría como las puertas de la percepción y como diversas culturas antiguas las han usado como forma de contactar con sus dioses y con sus espíritus.

A lo largo de su obra Acercamientos el autor va experimentando estos estados alterados, describiendo sus momentos y llegándolos a comparar con experiencias similares vividas por otros autores, así en un capitulo Junger narra sus experiencias con el opio tras su paso por la Primera Guerra y se remite a la figura del escritor británico Thomas de Quincey con quien hace sus comparaciones en sus experiencias con el opio.

Tras la derrota alemana el autor narra su regreso a casa fatigado y herido, en su introducción al consumo de opio nos muestra el estado de Europa tras la guerra.

Durante la República de Weimar el pueblo alemán se entregó al nihilismo, al consumo de drogas, los burdeles, el materialismo y el hedonismo. Situación similar se dio tras la Segunda Guerra que mato todo el vitalismo y romanticismo dejando un vacío que la juventud intento llenar por medio de drogas, de la “revolución hippie” y del sexo libre.

Junger no fue un decadente como pudiera pensarse, sino que fue un explorador en estos estados alterados de la conciencia, durante esta decadencia de Alemania el autor fue parte de la Revolución Conservadora movimiento que nació como frente al liberalismo y al marxismo.

Su afición al opio duraría hasta la Segunda Guerra cuando tuvo una posición militar en la Republica de Vinchy donde frecuento los salones literarios y de fumadores de opio, conociendo a artistas e intelectuales como Jean Cocteau, Pablo Picasso y Henri de Motherland.

Existe una frágil línea entre un decadente y un psiconauta, misma diferencia que hay entre un drogadicto y un chamán indio por citar. La exploración del cosmos a través de la droga, alcanzar estos estados alterados como un fin superior y no como un escape fugaz de la realidad. Junger estuvo entre ambas, entre un hombre que buscaba algún escape y un explorador de la psique, sufriendo una metamorfosis de ser un escapista a ser un chamán contemporáneo.

 

 

 

LSD y otros alucinógenos

 

En 1945 Junger entabla amistad con Albert Hoffman el creador del LSD, aunque venían manteniendo correspondencia desde unos años antes debido a la admiración de Hoffman por la obra del autor. Junger se interesó en conocer la relación entre la nueva droga y la creación artística. Por ese tiempo el autor estaba trabajando en su novela distopica Heliopolis cuyo protagonista Antonio Peri es un experimentador de drogas que podía tener la etiqueta de ser un psiconauta literario.

En la primavera del año 1951 Junger en compañía de Hoffman y el farmacólogo Heribert Konzett realizaron una experiencia con una pequeña dosis de LSD que pese a no tener los efectos deseados dejo las puertas de la percepción mística abierta.

“No es más que un gato doméstico comparado con el tigre real, la mescalina, o como mucho un leopardo” llego a afirmar Junger tras esta primera experiencia. Si bien no fue suficiente posteriormente en otros momentos Junger logro cruzar esas puertas de la percepción. Su introducción al LSD llego en el mismo tiempo en el que Huxley escribía el libro “Las Puertas de la Percepción” en el que narraba el uso de LSD con objetivos místicos.

Junger experimento los efectos del peyote, de los hongos alucinógenos en su viaje por México como parte de su exploración del reino onírico.

Nuevamente se tiene que recalcar que Junger uso este tipo de drogas como exploración de estados alterados, la cultura de las drogas tiene muchos charlatanes tales como lo fue Timothy Leary—un agente de la CIA—a quien el mismo Hoffman acuso de ser un buscador de atención y Carlos Castañeda de quien se sospecha invento mucho de lo expuesto en sus libros y al que Alejandro Jodorowsky—otro charlatán—acuso de ser un oportunista. La intención de Junger no es promover una cultura de las drogas a nivel masivo, libros como Acercamientos no deben ser vistos de esa manera.

Para Junger se debe usar estas drogas con prudencia y mesura, el psiconauta no puede permanecer todo el tiempo en ese especio interior, tiene que salir a la sobriedad, al mundo cotidiana para contar lo que ha aprendido y lo que se ha visto.

A este respecto la visión de Junger de ciertos alucinógenos viene siendo similar a la del antropólogo mexicano Fernando Benítez quien en su obra En la tierra mágica del peyote habla del uso ceremonial del peyote entre los indios huicholes como parte de una peregrinación anual de carácter religioso. Benítez hace una comparación entre el uso del peyote con motivos sacros por parte de los huicholes y el uso del LSD en la civilización occidental desprovisto de cualquier sendero místico y usado con fines de aumentar la diversión y la experiencia sexual.

Para Junger el consumo del LSD nos ofrece una posibilidad de autoconocimiento, de aprender sobre nuestra relación con el ser y el mundo en el que vivimos. En este sentido el uso del LSD y otros alucinógenos llevan a estas puertas de la percepción siempre que se usen con mesura y con fines más allá de un entretenimiento banal. 

 

Ebriedad

 

Escribe Junger: “el bebedor entonado se contempla con benevolencia a menudo como enemigo del tedio y del desánimo. Un mensajero de Dionisio irrumpe para abrir la puerta al mundo carnavalesco. Incluso tiene un efecto contagioso para el sobrio.”

Junger narra en Acercamientos sus experiencias con el vino y la cerveza, desde sus días de juventud hasta sus experiencias en la milicia. Para el autor la ebriedad es una llave que abre las puertas de la percepción, en el que podemos acceder o ver la realidad de un modo diferente. Junger relata como el vino y la cerveza ha sido parte de la cultura europea como bebidas sacras.

Los pueblos germanos y su relación con la ebriedad lo vemos en la mítica bebida del hidromiel que toman los guerreros caídos en el Valhalla, los banquetes y rituales sagrados como el Blot donde se consagraba la cerveza para sus rituales. Wotan es un bebedor moderado de hidromiel mientras que su hijo Thor es un gran bebedor, esto lo narra Junger mostrando el carácter sagrado de la ebriedad en los alemanes.

En la ebriedad la figura de Dionisio el dios griego del vino es vital, representa su poder toxico, sus influencias sociales y benéficas, así como revelando rasgos luminosos y oscuros del ebrio. Dionisio es el liberador, el que quita las máscaras revelando los aspectos oscuros de la personalidad de quien bebe. A lo largo de Acercamientos Junger lo menciona seguido.

Pero Dionisio no se limita solo a ser el dios del vino, sino del teatro, la alegría por vivir, el éxtasis, la locura, los instintos sanos y oscuros del hombre. Junger era un hombre dionisiaco, un hombre que probo los excesos de la ebriedad pero que también lo impulsaba un deseo por vivir, por la luchar.

Junger vio la guerra como experiencia interior tal como la definiría en Tormentas de acero, ese golpe al materialismo y al conformismo de la paz burguesa, es una noción dionisiaca que rompe con un orden establecido para traer una regeneración. Sin caos no puede haber un orden y viceversa. Tanto Junger como Marinetti y D’Annunzio hablaron de la guerra como un hecho indiscutible en la historia mientras veían a la paz como una utopía.

Dionisio es el dios de los impulsos violentos, es caos y la ebriedad trae esa sensación de romper con el mundo y entrar a uno diferente. En este terreno Dionisio es un dios peligroso y que no debe ser tomado a la ligera, la ebriedad puede abrir las puertas de la percepción pero también destruir al portador.

En la ebriedad se pueden percibir cosas de un modo diferente a la sobriedad pero también pueden llevar a momentos de violencia irracional despertando los instintos más oscuros de su portador y ocasionando desde situaciones bochornosas hasta tragedias.

La sobrevenida de Dionisio y los efectos de la ebriedad a los individuos y los pueblos suponen lo que Junger definiría como un Gran Transito.

¿Qué significa Gran Transito?

Junger distingue entre el Gran Transito y el Pequeño Transito, el primero viene a ser una salida del espacio histórico, un salto sobre el muro del tiempo o un acercamiento extremo. Las efemérides históricas son en sí pequeños tránsitos mientras que el nacimiento y muerte de una persona supondrían un Gran Transito.

Un ejemplo que pone el autor de un Gran Transito seria la música de Wagner, la opera wagneriana vino a romper esquemas musicales de su tiempo, a crear una obra más allá de la historia, los Grandes Tránsitos se vinculan a la destrucción de formas, las masas de energía que almacenan desencadenan choque y violencia.

Así tanto las dos guerras mundiales serian Grandes Tránsitos en la historia y Junger el testigo de ambos.

Aquí es donde la ebriedad toma su papel, no solo una ebriedad por el alcohol sino por la guerra, por el arte, un exceso por la vida que constantemente cambia la historia.

Podemos definir bajo este marco entonces la ebriedad como caos, como cambio constante y dionisiaco frente a la sobriedad del tipo pasivo, ordenado y apolíneo. Uno es destructor de mundos y otro es la conservación de un estatus, ambos complementarios. No puede haber un nuevo mundo sino se destruye el viejo, de la misma manera que no puede haber caos perpetuo. La sobriedad necesita de la ebriedad y viceversa como una dualidad del Universo.

 

Conclusión

 

Decía Blake en sus Proverbios del Infierno que el camino del exceso lleva al Palacio de la Sabiduría, como hemos visto Junger y los psiconautas han transitado ese camino, algunos han sobrevivido, otros mueren jóvenes y otros caen en la locura.

La lección de Acercamientos al final es transitar el camino del exceso, alcanzar la sabiduría y vivir con mesura. Junger aprendió después de sus excesos a tener una mesura, a poder controlar sus impulsos y no hundirse en un vicio.

Al final después de experimentar con todos estos excesos Junger escogió el camino de la sobriedad, del autocontrol, tuvo sus excesos en la juventud para alcanzar la vejez como un hombre sabio. Así la juventud es para los excesos, para aprender y cometer errores y la vejez para la sabiduría y la contemplación.

Si un hombre nunca ha transitado el camino de los excesos ¿Cómo puede ver la sabiduría? Es necesario cruzar el Infierno para poder llevar al Cielo, tal como Dante en su Divina Comedia. Junger vivió hasta la longeva edad de 103 años, redacto numerosas memorias, novelas y ensayos viendo pasar ante sus ojos todo el siglo veinte, viendo los pequeños y los Grandes Tránsitos desarrollarse, plasmándolos en sus libros.

Un hombre que busco la guerra y sobrevivió, que viajo en busca de esa Sabiduría Perenne y tuvo una vida más que interesante.

Esa ebriedad por vivir al final fue la que conservo durante toda su existencia en este mundo, ese deseo por conocer, por experimentar y por escribir. En las drogas se puede encontrar ese camino a la sabiduría pero la moderación y la preparación mental son vitales para no tener solo una experiencia banal. Junger lo experimento y vivió para poder narrar lo descubierto.

A nuestro mundo moderno y tecnificado le falta una ebriedad por vivir, por salir de los esquemas, por dejar la apatía y transitar el camino al autoconocimiento y la sabiduría, pecamos de demasiada sobriedad y desechamos la idea de aventura.

La lección de toda la obra de Ernst Junger es la ebriedad por la vida, por dejar la vida burguesa y poder ser aventurero, ser un conocedor, cometer excesos y buscar la vía de la acción en este mundo asfixiante y conformista.

 

Abril 2016

 

Bibliografía

 

Junger, Ernst “Acercamientos, drogas y ebriedad” (1978). Enrique Ocaña (trad.) Tusquets. Barcelona (2000).

Autor desconocido “Ernst Junger” (S.F) Cannabis Magazine [En red] Recuperado de http://www.cannabismagazine.es/digital/ernst-juenger

 

 

 Publicado originalmente en la antología Junger: Tras la guerra y la Paz, cuarto volumen de la coleccion Pensamientos y Perspectivas de Editorial Eas https://editorialeas.com/producto/junger-tras-la-guerra-y-la-paz/ 


 

 Foto: Ernst Junger en compañía de Albert Hoffman

 

 

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